miércoles, 17 de febrero de 2010

ORACION DE FORTALEZA

Oración que Jesús le enseñó a Pedro para que pudiera alcanzar la reconciliación con el Creador. Oración que ha nutrido su espíritu por cientos y cientos de años, pidiéndole a Dios le permitiera desarrollar el amor. Cada vez que nuestros ojos se abran a un nuevo día, debemos hacer esta oración, y el Señor estará con nosotros siempre, porque habremos aprendido a no cometer errores y a amar a los demás, ofreciendo nuestros cuerpos y espíritus al trabajo diario de la conquista celeste por rescatar los hombres hacia el bien.
Clamad por el auxilio de Jesús. Declarad en estos momentos vuestras necesidades, para que todo aquello que os inquieta, todo aquello que os preocupa, todo aquello que os quita el sueño, y puedas decir:
"Señor, sé que mi mayor deber como hijo de Dios es ayudar en la casa de mi Padre. Mas, me declaro ante Ti Jesús, enfermo, desequilibrado espiritualmente. Y quiero sentirme bien para poder trabajar contigo, ayudándote en Tu misión y trabajar en la casa de Nuestro Padre. Jesús, confío en Ti hoy, todas mis penas, todas mis angustias, todos mis temores. Quiero pedirte Jesús, que me ayudes a no pedir ya amor, sino a dar amor; porque hoy comprendo que si doy amor, amor recibiré. Antes, clamaba pidiendo amor sin darlo. Me enfermé de egoísmo, destruyendo el amor de aquellos seres que me amaban. Más, declaro mi enfermedad ante Ti, pues el egoísmo de pensar tanto en mí, nunca se saciaba y pedía siempre más amor y más entrega de los demás para mí. Y luego, al pensar solo en mi Jesús, no tomé en cuenta el sentimiento amoroso de los demás, traicioné la amistad, traicioné el amor, he sido infiel, he golpeado a mi prójimo en el cuerpo y en el alma. Y así, todos los seres que me amaban se alejaron de mí. Hoy vivo Jesús, la soledad de un egoísta, la soledad de un orgulloso, la soledad de un enfermo. Y clamo por Ti, para que Tú sanes el espíritu.
Enséñame a amar Jesús, porque ahora estoy consciente que cuando aprenda a amar, recuperaré a mis seres queridos; que hoy los veo tan distantes, como las estrellas del firmamento, casi imposibles de alcanzar. Pero cuando descubro que el espíritu viaja mucho más veloz que la luz, sé que puedo dar alcance a los seres que hoy descubro que amo y se encuentran ya tan lejos de este enfermo del espíritu.
Jesús, permíteme ayudarte, para que a través de ese servicio aprenda a amar, y tenga el mérito de poder sanar y ser libre.
Mis ojos no se atreven a ver el rostro de nuestro padre Jesús, pues el espíritu se llena de vergüenza. Ayúdame Jesús a limpiar mi rostro, y poder presentarme ante nuestro Padre para decirle: Padre aquí estoy; adolorido, dolido y cansado, pero ya repuesto de tantos golpes, golpes que tu querías que no recibiera. Pero al desobedecerte, escogí ese tipo de vida Señor. Hoy me arrepiento Padre, mas mi arrepentimiento no puede borrar los actos por entero. Los actos erróneos, solo los actos buenos me harán olvidar.
Vengo ante Ti Padre, para que Tú me des una nueva oportunidad. A todos aquellos seres que hice daño, ante Ti, les pido perdón. Y coloca a este hijo la tarea de servir y amar a los que ayer dañé. Permíteme Señor, servir a los que traicioné, recoger a tantos hijos que abandoné. Permíteme ayudarles. Dadme fuerzas. Que mi espíritu trabaje sin descansar para estar cerca de los seres que amo y no amé."
Así Jesús, limpia hoy los espíritus de nuestros hermanos, sumergidos en la fuente del arrepentimiento, para que el perdón misericordioso de Dios sane las heridas de nuestros hermanos. Y todos hoy, sumergidos en ese perdón podamos exclamar de gozo, diciendo: (Oración Padre Nuestro)
Por donde vayamos, hagamos el bien, extendamos los brazos y demos amor. Por donde vayamos, brillemos con luz propia, y seremos luciérnagas del campo, y el campo será igual de hermoso de día, como de noche, porque de día seremos como las flores, hermosas y de muchos colores, y de noche, nuestra luz iluminará la oscuridad y el campo se llenará de muchas luces. Así, de día y de noche estaremos en la senda del bien, y a nada deberemos de temer, pues Dios está con nosotros. En el campo iluminado, las fieras no entran, pues huyen de la luz, y si somos luz, la fiera nunca nos atacará.