viernes, 15 de enero de 2010

LA LEY DE ATRACCIÓN,aplicación práctica: Parte 4

PODER CREATIVO, PODER DESTRUCTIVO
LAS CONVICCIONES
La mente es la que de lo malo hace algo bueno,
la que hace la desdicha y la dicha,
la pobreza y la fortuna.
EDMUND SPENSER
¿Cuál es la fuerza que determina lo que intentamos o dejamos de intentar para lograr algo en la vida? Son nuestras creencias acerca de lo que somos capaces de hacer, lo que es posible e imposible, lo que somos, en definitiva. En la cultura haitiana, la fe de alguien en el poder letal del mago que «le apunta con el hueso» puede llegar a causar una muerte real. Pero el verdadero asesino es esta sensación de certeza -la creencia- y no el mago de la tribu.
¿Son negativas tus perspectivas de tu propia vida? ¿Qué consecuencias ha tenido esto en ti? ¿Cuáles son las creencias positivas que han contribuido en dar forma a tu vida? ¿Qué expectativas nuevas y positivas puedes establecer para ti y los que te rodean?
Durante miles de años, se sabía que ningún ser humano podía correr una milla en cuatro minutos; era físicamente imposible. Pero Roger Bannister demostró lo contrario cuando corrió una milla en 3 min. 59 s. ¿Cómo lo hizo? Visualizó mentalmente su triunfo con tanta intensidad que su certeza transmitió a su cerebro una orden inequívoca y consiguió unos resultados físicos a la altura de su aspiración. Siguiendo los pasos de Bannister y su confianza en poder hacerlo, varios otros corredores consiguieron repetir su hazaña en menos de un año.
¿Cuál es la barrera que necesitas romper? ¿Qué es aquello que, desde tu perspectiva actual, te parece imposible pero que si tuvieras la certeza de que se puede hacer -y lo hicieras- no sólo cambiaría tu vida sino también las vidas de los que te rodean?
Normalmente, la gente piensa que son los acontecimientos los responsables de sus circunstancias en la vida. Pero lo que realmente da forma a nuestra vida es el significado que damos a las cosas.
Dos aviadores son derribados en Vietnam, caen prisioneros y son torturados repetidamente. Uno de ellos se suicida. El otro forja una fe en sí mismo, en la humanidad y en su Creador como jamás había tenido antes. Ahora este hombre, el capitán Gerald Coffee, nos cuenta su historia para recordarnos que el espíritu humano tiene fuerzas para superar cualquier dolor, cualquier problema, cualquier obstáculo.
¿Acaso tú o alguien a quien conoces permiten que circunstancias pasadas pongan límites a su felicidad actual? ¿Qué otro significado se podría atribuir a aquellas circunstancias? ¿Te han hecho más fuerte? ¿Más sabio? ¿Capaz de aconsejar a otros que se enfrentan a las mismas dificultades?
¿Por qué hacemos lo que hacemos? Es una cuestión de convicciones. Por increíble que parezca, si la gente se creyera capaz de curar una enfermedad trepanando el cráneo, lo haría (y, de hecho, lo hizo), al margen de que esta creencia estuviera bien fundada o no. Y si creyera que su felicidad depende de la ayuda que presta a los demás, su motivación sería igualmente grande.
Las convicciones son las que marcan la diferencia entre una vida desdichada y otra de gozosa contribución a la sociedad. Las convicciones son las que distinguen a los Mozart de los Manson, las que impulsan a algunas personas al heroísmo y a otras a la ensoñación pasiva de lo que podría haber sido su vida.
¿Cuáles son las convicciones que motivan los actos de las personas que te rodean? ¿Qué creencias compartes con tus compañeros de trabajo? ¿Con tus hijos? ¿Con tus padres? ¿En cuáles discrepas?
Cada vez que te ocurre algo, tu mente se plantea dos preguntas: ¿Es esto doloroso o placentero? ¿Que debo hacer para evitar el dolor y/o conseguir placer? Las respuestas se basan en generalizaciones, en lo que tú crees que ha de conducirte al placer o al dolor. Mientras que estos «procedimientos sumarios» nos permiten situarnos y actuar, también pueden ser graves impedimentos en nuestras vidas. Hay personas, por ejemplo, que se consideran generalmente incompetentes porque, en alguna ocasión, no supieron estar a la altura de las circunstancias. Desgraciadamente, las generalizaciones se pueden convertir en profecías cumplidas.
Piensa en las definiciones limitadoras que puedes haber dado de ti mismo o de personas de tu entorno. ¿Son realmente bien fundadas? ¿No admiten excepciones? ¿Sería posible que tu generalización sea demasiado general?
Las cosas sólo tienen en la vida el significado que nosotras hayamos querido darles. Uno de los portentos de nuestra condición humana es la capacidad de atribuir a cualquier acontecimiento un significado o bien positivo o bien devastador.
Por causa de sufrimientos pasados, algunas personas llegan a pensar: «Jamás me volveré a enamorar, jamás volveré a sentirme completo». Pero otras han demostrado el poder transformador de las actitudes más positivas: «Ya que he sido víctima de una injusticia, voy a ser más sensible a las necesidades de los demás», o «He perdido a un hijo y quiero trabajar para que el mundo sea un lugar menos peligroso».
Pase lo que pase, todos nosotros tenemos la capacidad de generar significados positivos. Revoluciona tu vida atribuyendo un significado nuevo a tus experiencias pasadas.
Las convicciones tienen un poder creativo pero también un poder destructivo. Dada su enorme influencia en nuestras vidas, debemos comprender estas tres cosas:
1) La mayoría de la gente no decide conscientemente cuáles serán sus convicciones.
2) A menudo, estas convicciones derivan de una interpretación errónea del pasado.
3) Una vez adoptada una convicción, lo que nos sugiere va a misa y tendemos a olvidarnos de que sólo se trata de un punto de vista.
¿Tienes convicciones en las que creas a pies juntillas? ¿Qué ideas contrarias podrían ser también acertadas? ¿En qué cambiaría tu vida si adoptaras estas convicciones contrarias?
Una convicción no es más que la certeza de que el significado que atribuirnos a las cosas es verdadero. Si, por ejemplo, te crees inteligente, esto es más que una idea. Estás seguro de que eres inteligente. ¿De dónde viene esta certeza?
Imagínate que las ideas son como la superficie de una mesa. Sin patas, no hay nada que la sostenga. Para convertirse en convicción, la idea-mesa ha de adquirir patas. Estas patas -las certezas- se adquieren por referencia a experiencias pasadas. Si, por ejemplo, te crees inteligente, es muy probable que hayas
tenido la experiencia (punto de referencia) de haber sido un buen alumno, considerado como una persona lista, etcétera.
Sin embargo, nuestro pasado no es la única fuente de certezas. Como hizo Roger Bannister, podemos usar la imaginación para crear referencias -y certezas- de cosas que aún nos quedan por intentar.
Podemos convertir cualquier idea en convicción si aportamos suficientes referencias para sostenerla. ¿Cuál de las siguientes afirmaciones es cierta?
1) La gente es básicamente honesta y decente.
2) La gente es deshonesta y sólo se preocupa de sí misma.
¿No tienes suficientes experiencias (referencias) que te permitirían creer que la gente es un asco, si así lo quisieras? Si te centraras en otras experiencias, ¿no podrías con igual facilidad encontrar pruebas de su honestidad?
¿Cuál de las dos convicciones tiene una base verdadera? La que tú plasmes será la verdadera para ti.
Mientras que las certezas inquebrantables pueden ayudarte a conseguir grandes cosas, también tienen la capacidad de cegarte a un tipo de información que podría cambiar tu vida para siempre.
¿Has conocido alguna vez a alguien que, impulsado por su necesidad de mantener sus convicciones, se negara a escuchar ideas nuevas?
Si pudieras contemplar tus propias convicciones con otros ojos, ¿qué es lo que verías?
Las convicciones son el motor de nuestros actos. Unas afectan sólo a un aspecto de nuestras vidas y otras son más generales. La convicción concreta, por ejemplo, de que «John es deshonesto» sólo afectaría a tus relaciones con él, pero la certeza de que «la gente es deshonesta» tendría repercusiones mucho más amplias.
Las convicciones globales como ésta suelen basarse en alguna generalización antigua, hecha en circunstancias extremas. Es posible que no nos acordemos de ella pero aún permitimos que dirija nuestras decisiones inconscientemente.
El efecto de estas convicciones puede no conocer límites pero no tiene por qué ser negativo. Al cambiar una certeza global, cambiarás para mejor todos y cada uno de los aspectos de tu vida.
¿Hay ideas más firmes que otras? Desde luego. Hay tres niveles de ideas: la opinión, la certeza y la convicción. Las opiniones cambian fácilmente porque se basan en impresiones pasajeras. Las certezas son mucho más firmes porque se basan en experiencias repetidas o en experiencias con una gran carga emotiva. No obstante, se pueden poner en entredicho bajo la influencia de hechos nuevos. Las convicciones, por otro lado, vienen respaldadas de una carga emocional tan intensa que la persona que las tiene no sólo está segura de ellas sino que puede llegar a enfurecerse y a cegarse a cualquier planteamiento racional que las ponga en cuestión.
Las convicciones pueden ser increíblemente motivadoras o insospechadamente destructivas. ¿Cuáles de tus creencias no son más que opiniones? ¿En cuáles te reafirmas más? ¿Se acerca alguna al nivel de la convicción?
¿Cuál es el propósito de las certezas? Nos ayudan a tomar decisiones acerca de cómo evitar el dolor o conseguir el placer más fácilmente. Debido a ellas, no tenemos que empezar de cero cada vez que tomamos una decisión. A veces, en los momentos de mayor dolor, miedo o emoción, buscamos alivio en nuestras certezas. ¿Conoces a alguien que haya convertido su dolor por una relación malograda en convicción de que jamás encontrará el amor?
Algunas personas se resisten a toda información que contradiga sus convicciones; en un caso extremo, preferirían sufrir lo indecible -de soledad, depresión y hasta la muerte- antes que renunciar a sus convicciones.
¿Tienes convicciones? ¿Cuáles te ayudan a vivir y cuáles te lo impiden?
Gracias a la pasión que nos inspiran, las convicciones nos impulsan a actuar. El que se preocupa mucho por los derechos de los animales se inspira en una idea. Pero el que dedica Su tiempo libre a la concienciación paciente del público en asuntos como los experimentos de laboratorio y las consecuencias del consumo de carne tiene una convicción.
¿Existen áreas de tu vida en las que u a convicción te daría el impulso necesario para superar todo tipo de obstáculos? ¿Ves, por ejemplo, cómo la convicción de que no debes engordar te ayudaría a tomar una serie de decisiones consistentemente sanas? ¿Ves cómo la convicción de que «siempre puedo dar la vuelta a la situación» te ayudaría a superar hasta los momentos más difíciles?
Imagínate los efectos que tendría en tu vida la certeza, que es capaz de potenciar todas tus actitudes positivas.
Haz el siguiente Ejercicio para aumentar tu capacidad de compromiso.
1) Elige la certeza que te gustaría elevar a nivel de convicción.
2) Apórtale referencias nuevas y más potentes. Si, por ejemplo, has decidido dejar de comer carne, habla con vegetarianos para ver cómo ha afectado en sus vidas el vegetarianismo.
3) Busca o crea un hecho desencadenante que genere una gran carga emocional. Si, por ejemplo, has jurado dejar de fumar, visita la unidad de cuidados intensivos de un hospital para ver los pacientes con enfisema.
4) Sean tus pasos grandes o pequeños, empieza a actuar de acuerdo con tu convicción.
El poder de las convicciones queda dramáticamente demostrado en los casos de personas con trastornos múltiples de la personalidad. Debido a la fuerza de su convicción, a la certeza total de haberse convertido en otra persona, su mente altera su fisiología de modo asombroso y comprobable. Cambia el color de sus ojos, marcas físicas aparecen y desaparecen, y hasta enfermedades como la diabetes y la hipertensión van y vienen. Todo ello gracias a la convicción –la fe– del paciente en la personalidad que se manifiesta en cada caso.
En un nivel menos sensacional aunque igual de poderoso: ¿qué transformaciones sufrió tu vida al cambiar una convicción?
¿Cuál es el secreto del éxito? Generalmente, creemos que es el ingenio. Sin embargo, yo creo que el verdadero ingenio consiste en la capacidad de reunir nuestros recursos más poderosos por el sencillo procedimiento de sentirnos absolutamente convencidos de ellos.
¡La carrera billonaria de Bill Gates empezó cuando, siendo estudiante en la universidad de Harvard, prometió entregar un software que todavía no había producido para un ordenador que jamás había visto!
Gracias a su gran certeza (totalmente infundada), fue capaz de encontrar todos los recursos necesarios para codiseñar con éxito aquel software y empezar a amasar su fortuna.
Es evidente que tenemos más probabilidades de éxito en el campo que sea cuando no sólo nos comprometemos con un objetivo sino que, a la vez, estamos absolutamente convencidos de poder alcanzarlo. ¿Cuántas veces has intentado sentir esta emoción tan poderosa?
Quizá fuera Einstein quien lo expresó mejor: «La imaginación es más fuerte que el saber». Se ha demostrado repetidamente que nuestra mente no distingue la diferencia entre algo vivamente imaginado y algo realmente vivido.
Una vez comprendido esto, la vida puede cambiar. Algunas personas, por ejemplo, tienen miedo de intentar algo, sólo porque nunca antes lo habían hecho. El mismísimo fundamento del éxito, sin embargo, es que, a pesar de las experiencias negativas, los líderes siguen imaginándose que consiguen los resultados deseados. Así forjan aquella certeza que les ayudará a encontrar su verdadero potencial.
¿Tienes algún objetivo que te apasione pero que implique hacer cosas que nunca has hecho antes? ¿No es este un buen momento para empezar a imaginar tu propio éxito?
La mayoría de los que dicen «hay que ser realista» tienen miedo. Debido a desilusiones y a sus propios fracasos pasados, tienen miedo de una nueva decepción. Las certezas limitadoras que han desarrollado a modo de protección les hacen dudar, evitar los riesgos y negarse a entregarse a fondo. En consecuencia, los resultados que consiguen son limitados.
Los grandes líderes raras veces son «realistas» según los criterios de los demás. Son, no obstante, inteligentes y precisos. Mahatma Gandhi creía poder ganar la independencia de la India con una oposición pacífica y no violenta al imperio británico, algo que jamás se había hecho en el pasado. No estaba siendo realista pero, desde luego, demostró estar en lo cierto.
¿Qué certezas supuestamente realistas deberías descartar? ¿Qué perspectivas nuevas, entusiastas, no realistas pero enteramente posibles podrías asumir?
Si has de equivocarte, mejor que sea sobrestimando tus capacidades. ¿Por qué? Tu éxito podría depender de ello. Una de las diferencias entre pesimistas y optimistas radica en que, después de intentar aprender algo nuevo, los pesimistas suelen ser más precisos a la hora de evaluarse a sí mismos mientras que los optimistas tienden a sobrestimar su actuación.
En consecuencia, los pesimistas desisten porque no ven una razón inteligente por la que proseguir un esfuerzo infructuoso. Las impresiones positivas de los optimistas, sin embargo, les proporcionan el apoyo emocional y el impulso necesarios para perseverar y, en su momento, alcanzar el éxito. De este modo, sus evaluaciones no realistas se convierten en reflejo de una posibilidad real.
Recuerda: el pasado no es igual al futuro. ¿Qué primer paso podrías dar hacia la realización de un sueño que hasta ahora creías inalcanzable?
Nuestra manera de enfrentarnos a las adversidades influye nuestras vidas más que cualquier otra cosa. Los líderes suelen ver los problemas como transitorios mientras que los que fracasan consideran que hasta el más pequeño contratiempo es insuperable. Esta última actitud mental constituye el primer paso hacia lo que el doctor Martín Seligman llama incapacidad aprendida, resultado de las siguientes tres impresiones:
1) El problema es eterno (y no temporal).
2) El problema es general (y no afecta sólo a un área).
3) El problema es personal, prueba de que algo va mal en nosotros (y no una oportunidad de aprender).
A lo largo de los próximos días, nos centraremos en los remedios a estas certezas debilitantes. De momento, recuerda: para hacer frente a la primera impresión, piensa: «También esto pasará». Sí perseveras, encontrarás la solución.
La capacidad de mantener los problemas en perspectiva ayuda a los que tienen éxito a evitar caer víctimas de la actitud mental que tiende a considerar los problemas como generales. En vez de pensar: «mi incapacidad de dejar de comer ha destruido mi vida», dicen: «mis hábitos de comida me crean un problema» y se centran en la manera de modificar su comportamiento. Por otro lado, los que interpretan los problemas como generales creen que, por haber fracasado en un área, todos ellos son un fracaso, generalización que les deja con una sensación de total impotencia.
Para evitar la falsa sensación de que un problema es global, debes hacerte con el control de una parte de él enseguida. No importa si esta parte es la menos importante; empieza ya.
Los optimistas ven los problemas como experiencias que les permiten aprender, retos que les ayudan a modificar sus actitudes. Los pesimistas los toman como algo personal, como prueba de una profunda falta de carácter. Su identidad está tan ligada al problema que se sienten abrumados por él. A fin de cuentas, ¿cómo es posible cambiar tu vida entera de un plumazo?
Evita a toda costa la convicción de que los problemas son «personales». Empieza a considerarlos como fuente de información valiosa que te ayudará a trazar una ruta más acertada hacia tu destino. Estate agradecido de tenerlos.
Todos los progresos personales empiezan con un cambio de ideas. ¿Cómo sustituir las convicciones limitadoras? El modo más eficaz es la desestabilización -resquebrajamiento- de tus convicciones con su cuestionamiento.
Recuerda que tu mente intenta siempre evitarte el dolor y piensa en todas las consecuencias negativas que tu certeza ya te ha acarreado. Pregúntate:
1) ¿Qué tiene esta certeza de tonto, ridículo o estúpido?
2) ¿Qué me ha costado ya el hecho de albergarla? ¿Qué limitaciones me ha impuesto hasta ahora?
3) ¿Qué me podría costar en el futuro si no la cambio?
Respondiendo a este tipo de preguntas podrás asociar la vieja e indeseada convicción con experiencias dolorosas, teniendo así la oportunidad de sustituirla con otra, más positiva.
Para ser feliz, el ser humano ha de sentir que sigue evolucionando. Y para tener éxito en el mundo empresarial actual, las compañías deben seguir un camino de mejoras constantes. Es evidente que debemos adoptar el concepto de mejora continua como principio cotidiano y no como un objetivo que sólo en ocasiones se ha de perseguir.
Los japoneses tienen un nombre para ello: lo llaman kaizen, verbo que significa centrarse en la mejoría constante de productos y servicios. ¡Propongo que nosotros, los occidentales, nos comprometamos con un camino de Prueba Constante y Sin Fin: PCSF! Si nos centramos en la mejoría
de cosas que ya son estupendas, puedes imaginarte cómo con este espíritu transformaremos nuestras empresas, familias y núcleos sociales.
¿De qué manera podrías poner en práctica inmediata la filosofía del sistema PCSF?
La única seguridad auténtica en la vida proviene de saber que mejoras en algo cada día que pasa. No me preocupa el hecho de mantener mi calidad de vida, porque me esfuerzo a diario por mejorarla.
Uno de los secretos del éxito de Pat Riley, legendario entrenador de la NBA, es su compromiso con las mejoras graduales pero consistentes. En 1986, se enfrentó con un gran problema: su equipo creía haber jugado lo mejor que podía, pero la temporada anterior habían perdido el campeonato. Para inspirarles a subir su nivel de juego, les convenció de que, si cada uno de ellos mejorara su actuación en un uno por ciento en cinco áreas claves, la diferencia sería apreciable.
La ingeniosidad del plan radicaba en su simplicidad: Todos estaban seguros de poder conseguirlo. Cada uno de los jugadores tenía que esforzarse por un aumento del cinco por ciento que, multiplicado por 12, produjo una mejoría del sesenta por ciento para el equipo. ¡La mejor temporada que habían tenido jamás!
¿Qué podrías conseguir tú con una serie de mejoras pequeñas pero constantes?
¿Qué certezas guían tus pensamientos, decisiones y actos día tras día? Haz el siguiente ejercicio. Descubrirás la fuerza con la que inciden en ti tus certezas.
1) Escribe en la cabecera de un folio: «Certezas positivas». Y en la cabecera de otro folio: «Certezas negativas».
2) Durante diez minutos, escribe en cada folio las certezas que correspondan. Anota todo lo que se te ocurra.
3) Piensa en tus certezas globales pero también en las específicas. Asegúrate de incluir certezas condicionales, como «si hago siempre lo mejor que puedo, tendré éxito» o «si trato a esa persona con visceralidad, la asustaré».
Una de las maneras más eficaces para mejorar tu vida es la simple identificación y fortalecimiento de aquellas certezas tuyas que te guían por el camino de tus sueños.
1) Repasa tu lista de certezas positivas y negativas; rodea con un círculo las tres más positivas.
2) ¿De qué manera precisa te ayudan? ¿Cómo fortalecen tu carácter o mejoran tu calidad de vida? ¿Como podría aumentar su influencia si fueran aún más firmes?
3) Convierte una o todas estas certezas positivas en convicciones. Genera la seguridad imparable que guiará tus actos hacia la dirección que quieres seguir. ¡Empieza a actuar de acuerdo con tus convicciones!
¡Ha llegado el momento de deshacerte de aquellas certezas que ya no te sirven!
1) Elige dos de tus certezas más negativas.
2) Quítales los «pies» que las sostienen preguntando: ¿En qué es ridícula o absurda esta certeza? ¿La persona que me la transmitió era realmente el mejor modelo a seguir? ¿Cuál será el coste emocional, físico, económico o familiar de no abandonar esta certeza? ¿Qué le costará a mi pareja y a mis seres queridos?
3) Visualiza las consecuencias negativas que estas certezas conllevan. Decide de una vez por todas que no estás dispuesto a pagar este precio.
4) Escribe dos certezas nuevas que sustituyan a las viejas.
5) Refuerza estas nuevas certezas positivas visualizando por adelantado los inmensos beneficios que te aportarán.
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El poderoso papel de las expectativas en la mejoría de la actuación cotidiana está bien documentado y se llama efecto Pigmalión. En el curso de cierta investigación, dijeron a los maestros de un colegio que algunos de sus alumnos eran especialmente dotados y que necesitaban de estímulos constantes para dar lo mejor de sí. Los maestros colaboraron y naturalmente aquellos alumnos fueron los de mayor éxito. Lo que a nadie se dijo, sin embargo, fue que los alumnos señalizados como dotados no tenían, en realidad, un índice de inteligencia mayor que los demás antes de la finalización del estudio. De hecho, algunos de ellos habían sido caracterizados como malos. ¿Qué marcó la diferencia? ¡Su recién encontrada fe en su superioridad, inspirada por la «falsa» certeza de un maestro!
¿Ves ahora cuál es la importancia de tus certezas acerca de ti mismo y de los demás? ¿Qué no podrías conseguir si tuvieras confianza suficiente para explorar tu vasto |potencial?