martes, 31 de agosto de 2010

RELATOS SOBRE LA PRACTICA DE DAIMOKU

Transformando la apatía en determinación, mi victoria laboral
Frente a un edificio llamado Entel, en el último año de la universidad comenzó mi proceso de transformación laboral. Pasaba de vez en vez diciendo “voy a entrar allí”, “allí será mi primer trabajo”, “no se como voy a entrar pero de seguro voy a entrar”. Así eran mis pensamientos. Había decidido entrar y romper mis límites. Aunque lo que acabo de decir dicta mucho optimismo en realidad mi vida cotidiana no era nada parecido. Era una persona de baja autoestima y pocos logros personales. Lleno de complejos, imitaba compartimientos de lo que siempre salían bien, pero no entendía porque seguía sufriendo. Era ciego de corazón como para ver que actuaba siempre con aptitud arrogante y otras veces vivía como en la selva “sobrevive el más fuerte”. Aunque esta era mi realidad, constantemente en mi vida existían muchas dudas como: ¿Lo que hacia era correcto o no era correcto? ¿Cuál es el objetivo de vivir? ¿Aceptar o no lo que vivía? ¿Mi destino esta escrito o en realidad yo lo estoy escribiendo? Tenia todo pero yo no lo veía. No sabía hacia donde me dirigía. Estaba a merced de las circunstancias. En una noche Julio de 2003, no dormí discutiendo con mi pareja. Era un infierno. Mis padres sufrían por verme como estaba. En la mañana siguiente, me encontré con alguien, le comente sobre mi situación, me escucho atentamente y empezó a hablarme de Nam miojo renge kio, sentía que había encontrado algo que siempre había buscado. Por esa mañana se me olvidaron todos mis problemas, sentía que había encontrado una brújula para vivir. Al día siguiente, le dije “ya comprendí, todo lo que desee solo debo construirlo con mis manos”. Así pues comencé a asistir a las actividades de la SGIV. Estaba ansioso de todo. Un día me dijeron “importante tener siempre metas para ver por ti mismo los resultados del budismo”. Entonces recordé aquel edificio llamado ENTEL, empecé a cantar daimoku por entrar allí y le manifesté mi meta a quien me hablo del Budismo, resulto que el había trabajado allí y que su novia aun estaba allí. Ore y actué cuanto pude hasta que entre para mis pasantias, que luego terminaría haciendo mi tesis y posteriormente mi primer trabajo después de graduado. Siempre recuerdo lo logre, entre al edificio donde quería trabajar. Estaba muy contento.

Un día hable con una persona del grupo y le conté sobre mis logros y me dijo claramente: “esas metas cualquiera las puede lograr y que para eso no necesitaba practicar, que era hora de plantearme metas de fe e ir mas allá” Al escuchar esto, se activo mi arrogancia y pensé no necesito venir mas ya lo tenia todo y me fui. Ocho meses después, sentía que todo se escapaba de mis manos. Empecé a buscar trabajo y era difícil. Recordé que cantando NMRK podía lograr todo lo que quería, al poco tiempo las ofertas llovían por todos lados y, a las dos semanas donde me postulaban me llamaban y termine negociando mi nuevo trabajo. Me pagarían cuatro veces más lo que ganaba en ese momento, pensé nunca podría lograr algo así. Mi arrogancia no dejo de aparecer y apenas logre todo deje de practicar. Así pase dos años, cegado enfrentaba una vida reactivo llenos de miedos y de dudas. En junio del 2006 decidí acercarme a quien me hablo de la práctica, con la intención de que me ayudara conseguir otro trabajo pero todo me condujo a practicar. Esta vez, comprendí lo que alguna vez me hizo huir, las metas de fe, estas me permiten pulir más las cualidades como ser humano como perseverar, para construir una vida de logros tras logros para expandir la vida y para desarrollar una convicción donde nada es imposible y de felicidad absoluta. Allí estaba, viviendo un presente, donde escribía bases sólidas para un futuro firme. Este ha sido mi mayor beneficio. Empecé a poner al día todos mis asuntos. Fortalecí los tres pilares del Budismo, participe en la Soka Gakkai donde consigo aliento en el estudio de los escritos de Nicheren Daishonin, en las orientaciones de Daisaku Ikeda y en el apoyo constante de los miembros de la SGI. Cambie y sigo cambiando mi corazón. Estoy agradecido con todo y todos.

Poco meses de retomar la practica decidí mejorar mi situación laboral, entregado a lo mundano no veía como poder estudiar además como ganaba tanto dinero no pensaba en mi desarrollo, así pues cuando decidí cambiar de trabajo capte que tenia solo el titulo de T. S. U. y no había estudiado más. No hice curso después de graduarme, confiado en que soy autodidacta pase a ser negligente. Como no tenia mas curso pensé me negarían las ofertas. Trace muchos planes, y los iniciaba pero no entendía por que fallaba. La lucha para vencer mis tendencias fue tan fuerte que pase como un mes queriendo renunciar a cada hora además cada viernes tenia un problema que salía estresado. A pesar de esto me decía, un devoto del Sutra del loto no debe fracasar, un devoto debe vencer pase lo que pase, pues como dice el Gosho “nunca he escuchado de un invierno que no se convierta en primavera, así un devoto nunca ha dejado de alcanzar la budeidad” con esto me alentaba y resistía sabia que todo cambiaria. Enfrentaba la flojera pues tendía a abandonar todo a la mitad. Un viernes decidí romper estas limitantes. Escuchaba de grandes logros de otros compañeros, y me dije no importa si no he estudiado yo voy a contactar un trabajo donde no deje ganar lo que gano, con características muy precisas. Y así, rompí los esquemas y salio una oferta en CANTV con estas características pero sucedió que no me llamaron. Reflexione mucho y seguí luchando haciendo mucho Daimoku, participando en la Gakkai y llevando todo a mi campo de acción mi familia, mi trabajo y mi relación de pareja. Al tiempo en mi trabajo, todo cambio y empecé a percibir las características que buscaba, sin embargo, aun sentía que tenia que desarrollarme más. Yo seguí perseverando, en medio de la práctica de Daimoku, la revolución humana y la propagación. Sobre este punto me permitía mas acelerar mi vida.

Un día la perseverancia y la determinación era mi desayuno. Me di cuenta que la practica sincera y constante es sumamente importante, pues de allí reflejaba mi compromiso con mi vida. He conocido de personas que con tan solo, veinte minutos diarios logran resultados asombrosos, otras se plantean, retos de Daimoku de horas diarias y también logran resultados pero en ambos casos se que dan el máximo de sus esfuerzos hasta que concretan incluso en el momento crucial de lograr la victoria porque perseveraban. Retándome a realizar tres horas diarias aun trabajando en Caracas lo hice con la convicción de que si me deficiencia se reflejaba en mis resultados, igualmente, un gran esfuerzo se iba a reflejar un gran resultado. Decidido a triunfar y a vencer mi tendencia, la respuesta a esto me salio una oferta en donde me buscaban por mis valores humanos mas que por mis estudios. Sin embargo al poco tiempo se derrumbo, entonaba Daimoku al Gogonzon interior para liberarme de ese sufrimiento. Quería transformar mi karma y contactar algo diferente de mi entorno. Así pues, pasaban los días y yo sin resultados concretos. En todo ese tiempo, practicaba incesantemente. Sabía que a través de la práctica para mí y de practicar para apoyar a otros ser absolutamente felices, me liberarían del sufrimiento, crecería humanamente y en consecuencia de una profunda transformación interna palpar mi budeidad tendría como beneficio mi meta.

Esta lucha que llevaba ya cerca de un año, empezó a dar frutos. Finalmente apareció una propuesta concreta. Había decidido irme. Extrañamente, empecé a ver todos lo cambios, y de que en ningún momento había falla en el trabajo, ni con nadie. Todo era falla de mi apatía, que constamente me decían pero que no veía por mi mismo. Casi quería quedarme, pero ya había tomado la decisión de irme. Fiel a ello, aun allí empezaron a aparecer más y más ofertas. Una mejor que la otra. Y ahora el problema era elegir la mejor. Esto era difícil pues más que un trabajo nuevo, era manifestar mi budeidad y mantener consistencia desde mi interior y mi entorno. Hasta ese momento muchas pruebas se manifestaban para dudar. Todo se resumía a vencer o fracasar. Justo el día que renuncie, me llamaron del otro trabajo cancelando la propuesta. Allí estaba sin trabajo pero con una firme convicción. Mi impresión era que a pesar de todo esa locura de un día con trabajo y al otro día no tener nada, mi interior no se veía afectado. Estaba construyendo seguridad, pureza y una fortaleza indestructible a la realidad. A dos semanas sin empleo, me determine y puse a prueba todo. Todos los días me llamaban de empresas distintas, y todos los días aparecía una oferta mejor sin yo aplicar y para todas yo era el hombre indicado. Lo extraño, era que no me llamaban más. Recuerdo un día mi antiguo jefe me llamaba, hablamos y todo se torno que me estaban esperando para volver si no tenía empleo en otro sitio. Yo no quería volver, pero comprendí que la falla no era el trabajo. Aun así me desafié a ofertarme a ganar 50% más. Finalmente decidí regresar, estaba tan seguro que aposte a que toda esa negociación se haría sin yo hablar nada. Determinado así sucedió, lo que yo pedía por reingresar era imposible que me lo pagaran, pero sin darme cuenta había roto con limitaciones internas y por ende mi entorno era más amplio, todo fue natural, me pagaron más de lo que plantee en la meta y los beneficios laborales abundaban. Esa semana regrese al mismo, puesto con la misma clave y mismo carnet y los mismos compañeros. Dispuesto a seguir cumpliendo misión y de ser vivo ejemplo del poder del Gohonzon. Estaba tan agradecido con todo y todos, pues eran la función externa que llevaban a retarme a transformar mi vida. El beneficio en si, no fue un mejor trabajo con un mejor salario, o con mejores circunstancia. El beneficio fue desarrollar una firmeza inamovible, de vivir basado en el Sutra del Loto y de una renovada determinación y pasión por la lucha del Kosen Rufu en el mundo. Era esto no era el final de una meta, sino el comienzo de una misión; seguir transformando el mundo, ofrendando mi vida a través de logro de mis sueños.

Muchas gracias por toda su atención, hasta una nueva oportunidad,

SGIV - Julio Quintana – Responsable de grupo DJM – Miembro de Grupo de Capacitación Guardianes de la Paz