lunes, 23 de noviembre de 2009

CORONILLA DE SAN MIGUEL ARCANGEL, EL ARMA DE DIOS PADRE Y JESUCRISTO, PARA VENCER AL MAL-(aprendanlo de memoria y practíquenlo todos los dias)

ORIGEN DE LA CORONA ANGÉLICA

El Arcángel San Miguel se apareció un día a la sierva de Dios Antonia de Astonac, y le dijo que deseaba ser honrado con nueve salutaciones, correspondientes a los nueve coros de los Angeles. Cada una de ellas consiste en rezar un Padre Nuestro y tres Ave María en honor de las tres jerarquías angélicas. Al fin se dicen cuatro Padre Nuestro: el primero en honor de San Miguel y los otros tres en honor de San Gabriel, San Rafael y del Santo Angel Custodio.

Tal es el obsequio que el príncipe mismo de la celestial milicia sugirió a la sierva de Dios, prometiéndole que todos cuantos la practicasen antes de la Comunión, serían acompañados a la Sagrada Mesa de un ángel de cada uno de los nueve coros. Además, prometió, a quien rezase cada día estas nueve salutaciones, su asistencia continua y la de los santos ángeles durante la vida, y, para ellos como para sus parientes, la pronta libertad de las penas del Purgatorio después de su muerte. (Vidas de la sierva de Dios Antonia de Astonac, libro 3°, capítulo 74)

MODO DE REZAR LA CORONA ANGÉLICA

V. Deus in adjutorium meum intende. (0h Dios, ven en mi ayuda)

R. Domine, ad adjuvandum me festina. (Apresúrate, Señor a socorrerme)

Gloria al Padre, etc.



1ª Salutación

Un Padre Nuestro y tres Ave María al primer coro de los Angeles

Por la intercesión de San Miguel y del coro celestial de los Serafines, dignaos, Señor, hacernos dignos de una caridad perfecta. Así sea.



2ª Salutación

Un Padre Nuestro y tres Ave María al segundo coro de Angeles

Por la intercesión de San Miguel y del coro celestial de los Querubines dignaos, Señor concedednos la gracia de abandonar el camino del pecado, y de correr en el de la perfección cristiana. Así sea.



3ª Salutación

Un Padre Nuestro y tres Ave María al tercer coro de Angeles

Por la intercesión de San Miguel y del Coro sagrado de los Tronos, concedednos, Señor, el espíritu de una humildad verdadera y sincera. Así sea.



4ª Salutación

Un Padre Nuestro y tres Ave María al cuarto coro de Angeles

Por la intercesión de San Miguel y del coro celestial de las Dominaciones, concedednos, Señor, la gracia de dominar nuestros sentidos y corregirnos de nuestras malas pasiones. Así sea.



5ª Salutación

Un Padre Nuestro y tres Ave María al quinto coro de Angeles

Por la intercesión del glorioso Arcángel San Miguel y del celeste coro de Potestades, dígnese el Señor librar nuestras almas de las asechanzas y tentaciones del demonio. Así sea.



6ª Salutación

Un Padre Nuestro y tres Ave María al sexto coro de Angeles

Por la intercesión del glorioso Arcángel San Miguel y del Coro de las admirables virtudes celestiales, no permita el señor que caigamos en las tentaciones, sino que nos libre de todo mal. Así sea.



7ª Salutación

Un Padre Nuestro y tres Ave María al séptimo coro de Angeles

Por la intercesión del glorioso Arcángel San Miguel y del Coro celeste de los Principados, dígnese el Señor llenar nuestras almas del espíritu de verdadera y sincera obediencia. Así sea.



8ª Salutación

Un Padre Nuestro y tres Ave María al octavo coro de Angeles

Por la intercesión del glorioso Arcángel San Miguel y del Coro Celeste de los Arcángeles, quiera el Señor concedernos el don de la perseverancia en la fe y en las obras buenas para que podamos conseguir la gloria del paraíso. Así sea.



9ª Salutación

Un Padre Nuestro y tres Ave María al noveno coro de Angeles

Por la intercesión de San Miguel y del coro celestial de los Angeles, dignaos, Señor, concedernos la gracia de ser guardados por ellos durante esta vida mortal, para ser conducidos enseguida a la gloria eterna del cielo. Así sea.

Al fin se rezan cuatro Padre Nuestro: el primero a San Miguel; el segundo a San Gabriel; el tercero a San Rafael; y el cuarto al Angel Custodio.

Se termina este ejercicio como sigue:

ANTÍFONA

Oh Glorioso Príncipe San Miguel, jefe y conductor de los ejércitos celestiales, depositario de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor de la real casa de Dios, nuestro guía admirable después de Jesucristo, cuya excelencia y virtud son sobrehumanas, dignaos librarnos de todos los males, a todos los que acudimos a Vos con una entera confianza, haced que, por medio y con el auxilio de vuestra incomparable protección, sirvamos siempre fielmente a nuestro Dios, y adelantemos cada día más en su servicio.

V. Rogad por nosotros, bienaventurado San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.

R. Para que podamos ser hallados dignos de sus promesas.

ORACIÓN

Omnipotente y Eterno Dios Padre, que con un prodigio de bondad y misericordia por la salvación de todos los hombres elegiste por príncipe de vuestra Iglesia al glorioso San Miguel Arcángel, te suplicamos nos hagas dignos de que su benéfica protección nos libre de todos nuestros enemigos para que ninguno de ellos nos moleste en la hora de nuestra muerte; sino que seamos conducidos por él a la presencia de vuestra divina Majestad. Por los méritos de Nuestro Señor Jesucristo. Así sea



ORACIÓN AL ÁNGEL DE LA GUARDA PARA TODOS LOS DÍAS

(Santa Gertrudis)



Oh santo Angel de Dios a cuya guarda he sido confiado por una providencia misericordiosa, te doy gracias por la protección con que habéis rodeado mi vida temporal y la vida, aún más preciosa de mi alma. Te doy gracias por lo fielmente que me ayudas, por tu protección constante, por tus defensas del los ataques del ángel de las tinieblas. Bendita sea la hora desde la cual trabajas en mi salvación; que el corazón de Jesús lleno de amor por sus hermanos, te recompense. ¡Oh! mi Angel tutelar; cuánto me arrepiento de mis resistencias a vuestras inspiraciones, de mi poco respeto por vuestra santa presencia, de tantas faltas con las cuales os he contristado. Tú, mi mejor y más fiel amigo, perdóname, no dejes de iluminarme, de guiarme y de reprenderme. No me abandones un solo instante hasta aquel que sea el último de mi vida y que entonces mi alma llevada sobre vuestras alas, encuentre misericordia ante su Juez y la eterna paz entre los elegidos por Dios. Así sea.