lunes, 12 de julio de 2010

LA DOCTRINA ESPIRITA: SUS BASES Y FUNDAMENTOS


El termino «espiritismo» (del francés spiritisme, de spirit: ‘espíritu’; e isme: ‘doctrina’) surgió como un neologismo (o más precisamente un porte-manteau), creado por el francés Allán Kardec para nombrar a específicamente a la doctrina de los espíritus, el cuerpo de ideas recopiladas por él en El libro de los espíritus (1857).2
Muchos espiritistas hispanohablantes prefieren nombrar a la doctrina y sí mismos con la palabra portuguesa espírita.3

[editar]Diferencias entre el espiritismo francés y el inglés

Vale la pena considerar también que el spiritisme francés y el spiritism inglés son dos doctrinas independientes, pero muy similares en sus principios y definición, y ambos términos se traducen al español indistintamente como espiritismo.4 En la actualidad el spiritism inglés es totalmente indistinguible del spiritisme francés.
Sin embargo, la utilización del término, cuya raíz es común a diversas naciones occidentales de origen latino o anglosajón, hizo que él fuese incorporado rápidamente al uso cotidiano para designar todo lo que tenía relación con la comunicación con los espíritus. Así por espiritismo, hoy se identifica a las varias doctrinas religiosas y filosóficas que creen en la sobrevivencia del espíritu (alma) después de la muerte del cuerpo físico, y, principalmente, en la posibilidad de comunicar con ellos, causal o deliberadamente, vía rituales o naturalmente.

[editar]Fundamentos principales

Los principios fundamentos del espiritismo contenidos en sus obras fundamentales son:2 5
  • La existencia y unicidad de Dios
  • La existencia de los espíritus: El hombre es un espíritu ligado a un cuerpo (mediante una conexión denominada periespíritu). Los espiritistas definen con el término alma al espíritu cuando esta ligado a un cuerpo (es decir cuando esta encarnado). El espíritu es un ser inteligente, individual (antes y después de la muerte) e inmortal.
  • Comunicabilidad de los espíritus (mediumnidad): La posibilidad de comunicar con los espíritus encarnados (vivos) y desencarnados (muertos) mediante la mediumnidad.
  • La reencarnación: un concepto prestado del hinduismo; es el proceso natural que permite encarnar sucesivas veces con la función de permitir el perfeccionamiento de los espíritus.
concepto hinduista del karma (que los espiritistas llaman «ley de causa y efecto»).
    • Evolución o progreso de los espíritus en un proceso análogo y complementario de la evolución biológica.
  • Ley de causa y efecto, concepto prestado del hinduismo; es el mecanismo de retribución ética universal a todos los espíritus, según la cual nuestra condición actual es el resultado de nuestros actos pasados.
    • La noción de que los espíritus son responsables de sus actos durante toda su existencia.
  • La pluralidad de mundos habitados, concepto prestado del hinduismo. La Tierra no sería el único planeta con vida en el universo. Cada planeta funcionaría como un purgatorio donde las almas viven para pagar el karma del pasado.
  • No existe el cielo ni el infierno eternos: la felicidad o infelicidad relativas después de la muerte las determina el estado moral y psicológico del individuo.6
Además de esto se pueden aceptar como características secundarias:5
  • El concepto de creación igualitaria de todos los espíritus, “simples e ignorantes” en su origen, y destinados invariablemente a la perfección, con aptitudes idénticas para el bien o para el mal, dado el libre albedrío. (Este concepto derriba la creencia en ángeles o demonios como seres creados aparte y condenados eternamente al bien o al mal)7
  • Jesús es considerado por los espiritistas como un modelo y guía moral para la humanidad.8 El espiritismo no acepta el dogma de la Santísima Trinidad, considera que Jesús es un espíritu al igual que los hombres, pero en un estado evolutivo muy superior.
  • La moral de Cristo, contenida en el Evangelio, es el camino para la evolución segura de todos los hombres, y su práctica es la solución para todos los problemas humanos y es el objetivo a ser alcanzado por toda la humanidad.
Según los espiritistas, la relación humana con lo espiritual no necesita ninguna mediación institucional. Una espiritualidad natural es suficiente y es más apropiada para la realización humana.
El espiritismo carece de rituales, culto, templos o sacerdotes, por lo que los espiritistas no lo consideran una religión.

[editar]Caracteres de las reuniones espiritistas5 9

  • Ausencia de jerarquía sacerdotal. No hay ningún hombre que sea intermediario entre Dios y los hombres.
  • Total ausencia de culto a imágenes, altares, etc.
  • Ausencia de cualquier ritual: bautismo, casamiento, etc.
  • Incentivo al respeto y tolerancia de todas las religiones. Muchos espiritistas lo consideran su «segunda religión».
  • La práctica espiritista es gratuita y sin ánimo de lucro.

[editar]Obras básicas10

Los historiadores Henri Sausse,11 Francisco Thiesen y Zêus Wantuil,4 12 coinciden en el hecho de que Allán Kardec no fue el autor intelectual de la mayor parte de lo contenido en las obras básicas. Él recibió en 1855 de Carlotti y de un grupo de seguidores, 50 cuadernos conteniendo relatos de experiencias y comunicaciones diversas, obtenidas a través de diversos médiums, de almas que se decían personas muertas. Allán Kardec analizó, ordenó y completó, con la información concordante obtenida de los espíritus «a través de diversos médiums, desconocidos entre sí, y en distintas partes del mundo»,2 organizando estos trabajos en 5 obras, consideradas básicas para el espiritismo.
Los espiritistas reconocen a Allán Kardec como el codificador de la doctrina espiritista, no como el creador de la misma. Los espiritistas consideran que los autores de la mayor parte de los textos espiritistas no han sido los médiums, sino los propios espíritus de personas muertas.
Las 5 obras básicas, conocidas como «Pentateuco kardequista» son:

[editar]El libro de los espíritus

Primera edición: 18 de abril de 1857
En su primera página se lee: «Contiene: los principios de la doctrina espírita. Sobre la inmortalidad del alma, la naturaleza de los espíritus y sus relaciones con los hombres, las leyes morales, la vida presente, la vida futura y el porvenir de la humanidad, según la enseñanza dada por los espíritus superiores con la ayuda de diversos médiums. Recopilada y puesta en orden por Allán Kardec».2
Este libro se ordena en forma de preguntas y respuestas abarcando los mas diversos temas con sus 1019 preguntas.

[editar]El libro de los médiums

Primera edición: enero de 1861
En su portada se establece su contenido: «Guía de los médiums y de los evocadores. Contiene la enseñanza de los espíritus sobre la teoría de todos los géneros de manifestaciones, los medios de comunicarse con el mundo invisible, el desarrollo de la mediumnidad, las dificultades y los escollos que se pueden encontrar en la practica del espiritismo. Continuación de “El libro de los espíritus”; por Allán Kardec».13
Esta obra trata de las manifestaciones espiritistas y de los médiums, por tanto, de la parte fenoménica del espiritismo, y lo caracteriza como «ciencia» de observación que analiza las relaciones entre el mundo corpóreo y el mundo invisible o espiritual.

[editar]El Evangelio según el espiritismo

Primera edición: abril de 1864
«Contiene la explicación de las máximas morales de Cristo, su concordancia con el espiritismo y su aplicación a las diversas posiciones de la vida».14
En su contratapa de la edición moderna (2001) se lee: «Esta obra define la esencia religiosa de la doctrina espírita, como verdadero cristianismo, restaurado por la interpretación que los espíritus dieron a los textos evangélicos. Ella muestra el poder del amor en las mas diversas situaciones de la vida, cuando dejamos que ese sentimiento divino guíe nuestras manos y nuestros pasos, para servir al prójimo, resultando de ello que todo se equilibre a nuestro alrededor».

[editar]El cielo y el infierno

Titulo original: El cielo y el infierno o la justicia divina según el espiritismo Primera edición: agosto de 1865
«Contiene: El examen comparado de las doctrinas sobre el transito de la vida corporal a la vida espiritual, las penas y las recompensas futuras, losángeles y los demonios, las penas eternas, etc., seguido de numerosos ejemplos sobre la situación real del alma durante y después de la muerte. Además entre otros como la revista espírita y algunos otros literarios en su doctrina espiritista».6
¿Cuál es el destino del hombre después de la muerte física? ¿Cuáles serían las causas del temor a la muerte? ¿Existe el Cielo y el Infierno? ¿Merece crédito la antigua creencia en los ángeles y demonios? ¿Cómo procede la justicia divina? Estas y otras cuestiones relacionadas son debidamente esclarecidas, en la primera parte de esta obra, a la luz de la lógica y de las enseñanzas de los espíritus. En la segunda parte, titulada «Ejemplos Kardec» registra numerosas comunicaciones de espíritus: clasificados por categorías, tales como: felices, sufridores, arrepentidos, endurecidos y suicidas- que ejemplifican la doctrina expuesta anteriormente.

[editar]La Génesis

Titulo original: La génesis, los milagros y las profecías según el espiritismo.
(El artículo femenino «la» se utiliza para diferenciarlo del Génesis bíblico).
Primera edición: enero de 1868
Trata asuntos como: Dios y la visón de los hombres sobre su existencia y naturaleza, la Providencia Divina, el bien y el mal, el espacio y el tiempo, la formación de los mundos, la génesis orgánica y la génesis espiritual, los milagros y su explicación, la superioridad de la naturaleza de Jesús y la desaparición de su cuerpo, y muchos otros asuntos.15

[editar]Historia

[editar]Antecedentes

Desde la Antigüedad la humanidad ha creído posible comunicarse con los espíritus de los muertos. En la Grecia antigua, se daba por cierto que los difuntos habitaban en el Hades y era posible entrar en contacto con ellos mediante rituales mágicos. En La Odisea, de Homero, Odiseo llega al Hades y lleva a cabo un ritual, según lo indicado por la hechicera Circe, con lo cual logra hablar con el espíritu de su padre y con los de sus compañeros muertos en Troya. Asimismo, los chamanes de los pueblos originarios de Asia y Oceanía afirmaban tener la capacidad de comunicarse con los espíritus de los difuntos.
Durante la Edad Media, se mantuvo la creencia de que los espíritus regresaban regularmente al mundo de los vivos y se multiplicaron los cuentos de fantasmas. En Hamlet, el dramaturgo William Shakespeare presenta al fantasma del rey asesinado demandando venganza al protagonista, su hijo. Ese tipo de aparición estaba registrada en muchos relatos anteriores a la época de Shakespeare, pero no consta que hubiera una práctica propiamente espiritista para establecer la comunicación con los muertos.

[editar]El espiritismo en el siglo XIX

Durante el siglo XIX se suscitó en Estados Unidos una creciente oleada de fenómenos mediúmnicos que luego extendió sus prácticas y conocimientos a varios países europeos. En el año 1848, se reportó en la localidad de neoyorkina de Hydesville, Estados Unidos, el primer caso de un fenómeno poltergeist.
En 1854, en París, Francia, el espiritista Allán Kardec se abocó al estudio de este tipo de fenómenos paranormales, en particular, las manifestaciones de las llamadas «mesas giratorias». Las explicaciones de las causas de estos fenómenos, al igual que el sistema filosófico derivado de aquéllas, sentó las bases del espiritismo.
Sus investigaciones derivaron en la publicación en 1857 de El libro de los espíritus. Este volumen supone el comienzo del movimiento espiritista contemporáneo. En los años que siguen, Kardec publicó numerosos libros, como El libro de los médiums (1861), El evangelio según el espiritismo(1864), El Cielo y el Infierno o la justicia divina según el espiritismo (1865) y Génesis, los milagros y las profecías según el espiritismo (1868). En 1858 fundó la Revista Espírita, de la que fue director hasta 1869 (año de su muerte).
Muchas personas de renombre de Europa y los Estados Unidos gradualmente abrazaron el espiritismo como una explicación lógica de la realidad, incluso de temas relacionados con la trascendencia, como Dios y la vida después de la muerte. Miles de sociedades espiritistas fueron creadas en ambos continentes, y en algunos países como España, la disciplina Espiritismo fue candidata a integrar los programas regulares de segunda enseñanza y de las facultades de ciencias, y de filosofía y letras.

[]El espiritismo en los siglos XX y XXI

Con el despertar a la revolución industrial el hombre en occidente deja a un lado la espiritualidad por el imediatismo de la industria ,al correr de los años y el sentimiento de vació interior,retoma el rumbo que le marca su consciencia la de un dios inmanente
En América Latina, el espiritismo se expande en una corriente que intenta mantenerse fiel al proyecto inicial de Kardec y otra de carácter netamente religioso.
La primera corriente, con foco en Argentina, postula al espiritismo como ciencia-filosofía-moral. La segunda corriente, con base en Brasil, es de grandes dimensiones y postula al espiritismo como ciencia-filosofía-religión, sobre la base del catolicismo y el roustangismo.
Si bien ambas corrientes comparten el mismo nombre "espiritismo", sus desarrollos, proyectos y razonamientos divergen sustancialmente hasta el punto de constituir dos espacios diversos y, en lo esencial, contradictorios.


sábado, 10 de julio de 2010

FRANK ANTON MESMER. :¿CHARLATAN O CIENTIFICO?




A partir de los datos biográficos de Mesmer, se contextualiza su trabajo terapéutico y se entiende el origen del mismo. Se narran los hechos más importantes en la defensa de su modelo ante una academia, que no comprende ni valora la esencia de su trabajo: el poder de la sugestión hipnótica, poder que ni el mismo Mesmer llega a comprender, perdido entre su propia teoría del magnetismo animal, que le aleja cada vez más de su verdadero descubrimiento. Se describen las experiencias clínicas de Mesmer y su actuar ante determinadas dolencias.




"Debéis saber que la acción de la voluntad 
es, en medicina, un importante factor".

Paracelso

"Es verdad que, sin saberlo él mismo (Mesmer), ha descubierto algo infinitamente mejor que un nuevo camino. Como Colón, ha dado un nuevo continente a la ciencia, con infinitos archipiélagos y tierras vírgenes que han de tardar largo tiempo en ser explorados: la psicoterapia". 
Stefan Zweig

"El magnetismo animal  no es  en modo alguno lo que los médicos creen: un remedio misterioso. Es una ciencia que tiene sus principios, consecuencias y reglas…. El magnetismo animal podría convertirse en una moda: cada cual querría brillar con ello y sacar del hecho más o menos de lo que hay en realidad. Se haría mal uso de esta propiedad, haciendo que a la postre degenerase en un problema cuya solución quedaría relegada tal vez a los siglos venideros".
Franz Mesmer



El comienzo


Franz Antón Mesmer (1734-1815) nació en la aldea de Itznang, junto al lago Constanza, en Alemania. Era hijo del guardabosque al servicio del obispo local. Estudió teología, primero en Dillingen y luego en Ingolstadt, donde se doctoró en Filosofía. Más tarde se trasladó a Viena, allí cursó Derecho y recibió otra investidura doctoral, esta vez en medicina. El nombre de su tesis doctoral fue: Sobre el influjo de los planetas en el cuerpo humano, de 1766.


Posteriormente, Mesmer logró su independencia económica al casarse con la viuda del Consejero de Corte Van Bosch, quien era muy rica, acontecimiento que le permitió dedicarse a varios de sus pasatiempos, como la ciencia y el patrocinio de las artes musicales. Apoyó a Haydn, Glück y al joven Mozart, pues Leopold, su padre, era su amigo; incluso se atrevió a apadrinar la primera gran producción escénica de Mozart en los jardines de su Mansión, la casa número 261, que emulaba un Versalles en miniatura (Zweig, 1932). 


Mesmer se presentó, ante todo, como un hombre polifacético, erudito, con sólida educación, inteligente, de espíritu intuitivo y penetrante, y de carácter  sensible y franco. Todo ello es importante a la hora de debatir el juicio que la historia dejó sobre él, de charlatán o curandero. Puede que haya incurrido en muchos errores de concepto e incluso de ideas extravagantes y que llegaron a adolecer de un falso misticismo, pero está muy lejos de ser un embaucador.


Mesmer desarrolló sus ideas del "magnetismo animal" a partir de su trabajo inicial expuesto en su tesis doctoral de 1766.  Intentó poner de acuerdo a los principios científicos de Newton y Descartes, entrelazándolos con la vieja astrología de Helmont y Paracelso. Defendió la idea de un fluido magnético universal, reformulando bajo su interpretación las ideas de Newton sobre el "éter" y la gravitación. "Se mueve con la máxima celeridad, actúa a distancia, se refleja y refracta, como la luz; es inactivado por algunos cuerpos y cura directamente las enfermedades nerviosas e indirectamente todas las restantes" (López Piñero, 2002).
 

En el verano de 1774, Mesmer fue testigo de una notable cura lograda mediante la aplicación de imanes en el cuerpo de un paciente. El trabajo con imanes desarrollado por Maximilian Hell, director del Observatorio Astronómico de Viena, inspiró a Mesmer y lo llevó a construir la hipótesis de que la importancia no estaba en el imán, sino en el magnetismo animal que éste conducía. Mesmer empezó a aplicar sus conocimientos y a experimentar con sus pacientes los nuevos tratamientos, encontrando sorprendentes resultados. Posteriormente, inició su viaje por Europa Central y conoció al  sacerdote católico Johann J. Gassner, famoso por sus "curas por exorcismo". Es allí donde reconoció que el fluido animal no estaba limitado a la acción de los imanes, sino que éste también se manifestaba en los organismos vivos, particularmente en el hombre, con efectos análogos a los logrados con el imán. 


Por lo tanto, su sistema terapéutico comenzó a basarse en la facilitación del curso del "fluido magnético" por el organismo mediante pases y masajes ejercidos principalmente sobre los órganos enfermos. Mesmer supuso la existencia de polos de atracción y de repulsión animal, cuya fuerza podía ser transmitida (o inducida), modificada, destruida o reforzada. Así, la salud era el efecto final de una distribución equilibrada de fluido vital en aquellos polos. Mesmer llegó a creer que algunos seres humanos poseían propiedades semejantes a las de los imanes y que, por lo tanto, podían transmitir su propio magnetismo animal a otros objetos y personas. Dado que la enfermedad era considerada como  producto de una distribución inadecuada o una carencia de magnetismo animal, la curación podía lograrse mediante la corrección de los defectos de distribución o de las insuficiencias mediante el uso de poderosas fuentes de magnetismo vital. 

El éxito de una nueva terapia en acción


Una vez Mesmer obtuvo la información de Hell sobre los imanes y su posibilidad curativa, empezó a experimentar con ellos en diferentes pacientes y dolencias. Mesmer atendió por igual a personas con recursos económicos o sin ellos, debido a que su holgada situación le permitía preocuparse más por entender el nuevo sistema de terapia que tenía entre manos, que por lucrarse por medio de él.


Pero ahora veamos cómo se desarrollaron estas iniciales sesiones de terapia. Mesmer aplicó dos imanes a su paciente, uno en el lado izquierdo superior y otro en el lado derecho inferior, esto con el fin de que el misterioso fluido atravesara en circuito cerrado todo el cuerpo, restableciendo la armonía perdida por medio del flujo y el reflujo. 


Para aumentar su influencia curativa, Mesmer tuvo colgado al cuello, y dentro de una bolsita de cuero, un imán,  pero además quiso transmitir el fluido magnético por medio de otros objetos, por lo cual magnetizó el agua, hizo bañar en ella a los enfermos y también hizo que la bebieran; magnetizó por frotamiento tazas y platos de porcelana, vestidos, camas, espejos (que reflejaran el fluido) e instrumentos musicales que esparcieran por medio de sus notas la virtud curativa.


Mesmer estaba convencido de que la fuerza magnética podía ser transmitida mediante conducciones, embotellada y  concentrada en acumuladores (como si fuera energía eléctrica), de manera que creó las famosas "cubas de la salud", un recipiente de madera tapado, en el que dos hileras de botellas llenas de agua magnetizada corrían convergentes a una barra de acero provista de puntas conductoras movibles, de las que el paciente podía aplicarse algunas en la región dolorida. Una vez construida esta especie de "batería magnética" (Zweig, 1932), Mesmer situaba a sus pacientes alrededor de ella, en contacto unos con otros a través de la punta de los dedos, formando una especie de cadena. Lo que  Mesmer quería comprobar era que al transmitirse el magnetismo animal a través de varios organismos, la corriente aumentaba. Es importante notar el parecido de este "ritual" con las sesiones de espiritismo, que sólo unos años después se pondrían tan de moda en la nobleza europea y que tanto mal harían al mesmerismo (como estrategia de terapia) al meterles en el mismo saco de charlatanería y superchería.


Mesmer también experimentó magnetizando árboles y lagos, o animales como gatos y perros; en estos casos, sus pacientes sumergían sus pies desnudos en el agua, o se comunicaban con los árboles por medio de cuerdas sujetas a sus manos, mientras él tocaba el violín magnetizado, con el fin de aumentar el efecto curativo. 

Y así, Mesmer se convirtió en un personaje famoso en Viena, pues con su particular método curó la gota, convulsiones, zumbido de oídos, parálisis, calambres de estómago, desarreglos menstruales, insomnio, dolores hepáticos y debilidad óptica, entre otras enfermedades. La gente empezó a peregrinar para ver al mago del Danubio y ser tocados por su imán maravilloso. Después de un año de haber empezado a aplicar el imán, el hasta ahora ignorado médico comenzó a ser conocido en toda Austria, Hamburgo y hasta Ginebra, donde doctores locales le rogaron para ser adiestrados en la nueva terapéutica.  


Bajo el éxito de su terapia, probada incluso sobre importantes médicos de su época, Mesmer vivió el primer gran momento de su carrera como terapeuta. Fue reconocido por primera y última vez por la academia, ya que el 28 de noviembre de 1775 la Academia de Electorado de Baviera lo incluyó solemnemente entre sus miembros. Sin embargo, fue precisamente en ese momento de éxito cuando Mesmer se desmintió a sí mismo, reconociendo que no  era el hierro magnético el que obraba en la curación, sino el magnetizador mismo.  Estaba ciertamente a un paso de comprender el efecto de la sugestión, el principio fundador de la hipnosis; no obstante, Mesmer estaba convencido de que el fluido magnético existía como un ente separado y que sólo debía aprender a conducirlo y utilizarlo para emprender el efecto curativo.

El principio del fin


Mesmer repostuló su modelo terapéutico, dejó a un lado la utilización del imán y se enfrentó a la canalización del fluido magnético animal por medio de su persona. Así, Mesmer fue ganando poco a poco fama y a medida que ésta crecía, bajaba su popularidad entre la comunidad científica y médica de Viena. Sus antiguos colegas lo veían con recelo y no aceptaban la invitación que el galeno les hacía para que vieran su método y su efectividad. 


Mesmer resintió la frialdad con la que fueron acogidas sus ideas, y eso era sólo el preludio de la persecución y el rechazo que vería gobernar su vida durante muchos años, por lo menos por parte de la comunidad científica, que agazapada, esperaba el momento oportuno para darle el golpe de gracia al Dr. Mesmer y su sistema. Esta oportunidad llegó cuando atendió el caso de la señorita Paradies. 


Marie Theresia Paradies era una joven de noble talento, que desde la edad de cuatro años y a causa de la parálisis del nervio óptico, sufría una ceguera incurable. La señorita Paradies se había hecho famosa en Viena por su excelente interpretación del piano. Por tal razón, la misma emperatriz María Teresa la había apadrinado y les ayudaba económicamente a la joven y su familia.


Este difícil caso era todo un reto para la terapéutica de Mesmer, quien se convirtió en su última opción. Mesmer diagnosticó una conmoción general del sistema nervioso y consideró que podía resolverlo con su método (Zweig, 1932). Después de un lento tratamiento, Mesmer sostuvo que le había devuelto la vista a la joven, pero los médicos oftalmólogos que hasta entonces la habían atendido, negaron toda supuesta mejoría, calificándola de fantasía y embuste. Dos aseveraciones contrarias y muy pocas posibilidades nos ha dejado la historia para poder comprobar cuál es verdadera.


Al final,  la señorita Paradies no recuperó definitivamente la vista, lo cual habla a favor de la tesis de los médicos; no obstante, en favor de Mesmer estuvo el testimonio del padre de la joven quien, por escrito y con su firma, detalló el proceso curativo de su hija y su lenta evolución hasta poder ver. Sin embargo, en la historia sólo se recordará que tras el ataque virulento de los oftalmólogos para impedir que Mesmer presentara a la paciente ante la emperatriz, se movilizaron el arzobispo, la Corte, la Corporación de Médicos de Austria y su famosa Comisión de Costumbres, que dictaminó poner fin a tal impostura. Mesmer debió interrumpir inmediatamente el tratamiento y la señorita Paradies debió volver al lado de sus padres, nuevamente ciega. Entre bastidores, faltaría contar que antes se puso en contra a los padres de la joven (hasta el momento seguidores de Mesmer), diciéndoles que en caso de que la muchacha recuperara la vista perderían inmediatamente la pensión imperial que tenían asignada y que además, su hija dejaría de ser un espectáculo como pianista.


Después de este desastroso capítulo, Mesmer se autoexilió, primero en Suiza y luego en París, ciudad cosmopolita y abierta que en 1778 lo recibió con los brazos abiertos. La aristocracia austríaca le abrió las puertas de la embajada; María Antonieta misma se interesó mucho por el novedoso método de Mesmer y le brindó su protección. La Francmasonería lo introdujo en el centro de la espiritualidad francesa. Entonces llegó para Mesmer un nuevo período de éxito y reconocimiento popular, pero ante todo lo que él buscaba era el reconocimiento de la ciencia oficial y por eso, en febrero de 1778 solicitó a la Academia de Ciencias que examinara escrupulosamente su método. 


Pero nuevamente recibió el rechazo y la Academia rehusó ocuparse de los experimentos de Mesmer. Ante tal respuesta, Mesmer publicó, en 1779, en lengua francesa, su Disertación sobre el descubrimiento del magnetismo animal, y a partir de allí comenzó a crear escuela y a obtener fieles seguidores que años más tarde formarían en diferentes partes del mundo las famosas "Sociedades de la Armonía". 


Mesmer no paró de trabajar y de atender a nobles y pobres en sus clínicas en París.  Entre sus simpatizantes se encontraban importantes figuras de la época como el Dr. Charles Delon, médico del conde d´Artois, la reina María Antonieta, Madame de Lamballe, el príncipe de Condé, el duque de Bourbon, el barón de Montesquieu y el joven marqués de Lafayette. Con ello, en pocos meses Mesmer y su método estuvieron en auge. Todo noble parisino quería saber qué era magnetizarse; toda persona quería hacer comentarios sobre el mesmerismo. Mesmer estaba de moda y su ciencia permeaba la sociedad, no como ciencia, sino como espectáculo. La fuerza creada por Mesmer inundó toda Francia con un temible fluido contagioso de snobismo e histerismo;  había nacido el hijo bastardo del magnetismo animal: el mesmerismo.


Pero había una persona en Francia a quien no le agradó el revuelo que estaban causando Mesmer y su método. El rey Luís XVI era enemigo de agitaciones y desasosiegos, así que decidió ordenar, en marzo de 1784, que la comisión de médicos y la academia crearan una comisión especial que estudiara el magnetismo animal y sus consecuencias. De esta forma, se creó la "Comisión" más imponente que habría podido nombrarse, con figuras de primera línea del mundo académico, como el Dr. Guillotin (célebre por inventar la cura que en un segundo acaba con todas las enfermedades terrenales: la guillotina); Benjamín Franklin, inventor del pararrayos; el señor Baily, astrónomo, más tarde alcalde de París, y Jussieu, célebre botánico.


La "Comisión" estudió el método de Mesmer en busca del fluido magnético animal y su fatídico dictamen fue que éste no existía y, por lo tanto, tal terapéutica era inútil, y acaso los accesos catárticos violentos de los pacientes podrían producir problemas a largo plazo sobre su salud. De esta forma, concluyeron que todo el proceso de sanación era producto de la imaginación y la fantasía, cuando en el fondo el poder yacía en la sugestión. Pero ellos tampoco la vieron, simplemente juzgaron y rechazaron a Mesmer y su terapéutica, como hicieron con el pararrayos de Franklin, la vacuna de Jenner o el buque de vapor de Fulton. Abría que esperar cien años (1882) para que la hipnosis fuera reconocida oficialmente por la Academia, gracias a Charcot.


Pero no fue el dictamen de la "Comisión" lo que ahuyentó a Mesmer de París, fue la revolución. Cuando ésta llegó, temió por su vida, perdió toda su fortuna y también todos los pacientes que podría atender con su método. La época y sus convulsas guerras lo obligaron a exiliarse en Suiza, en un pequeño cantón en  Frauenfeld, donde viviría de ejercer como médico, atendiendo a campesinos, segadores, queseros y sirvientas.


La gente creyó que había muerto y cuando un emisario de la Academia de Berlín fue a buscarle en 1812 para un nuevo estudio y rectificación sobre su método, Mesmer no aceptó presentarse ante la comisión. Le recibió, le dio toda la información, le mostró cómo atendía sus pacientes, pero ya no quería más batallas y luchas para defender su método; estaba convencido que la historia le haría justicia tras su muerte.


Y como para cerrar el círculo de su vida en un Mándala perfecto, Mesmer volvió a orillas del lago Constanza y el 5 de junio de 1814, ya octogenario, recibió a la muerte, mientras un seminarista tocaba su bienamado armonio, el armonio que le acompañó toda la vida y en el que el joven Mozart hiciera sus primeros ensayos.